Schola Veritatis
Veritas - Pax - Bonitas

Soledad y silencio

Reproducimos a continuación el maravilloso elogio que Dom Guigo I, (+1136) escribió acerca de la vida solitaria, y que reproduce bien los deseos y aspiraciones de nuestra vida.

Cartujo

  «En la recomendación de la vida solitaria, a la que estamos llamados por vocación especial, seremos breves, por conocer las muchas alabanzas que le han tributado tantos varones santos y sabios, y de tanta autoridad que no nos consideramos dignos de pisar sus huellas.

  Ya sabéis cómo en el Antiguo y, sobre todo, en el Nuevo Testamento, casi todos los más profundos y sublimes misterios fueron revelados a los siervos de Dios no entre el tumulto de las muchedumbres, sino estando a solas, y cómo los mismos siervos de Dios, cuando querían sumirse en una meditación más profunda, o dedicarse a la oración con más libertad, o enajenarse de las cosas terrenas por la elevación del alma, casi siempre se apartaban del ruido de las muchedumbres y buscaban las ventajas de la soledad.

  De aquí que, para tocar de algún modo el tema, Isaac sale a solas al campo a meditar, y es de creer que esto no fue en él algo aislado, sino de costumbre; que Jacob, enviando todas sus cosas por delante, se queda a solas, ve a Dios cara a cara, y a la vez por la bendición y la mutación del nombre en mejor se torna dichoso; alcanzando más en un momento solo que durante toda la vida acompañado.

  También nos atestigua la Escritura cuánto amaban la soledad Moisés, Elías, y Eliseo, cuánto crecieron por ella en la comunicación de los secretos divinos; y hasta qué punto incesantemente corrían peligro entre los hombres, y eran visitados por Dios cuando estaban solos.

  Jeremías se sienta solitario, porque se encuentra penetrado de la cólera de Dios. Pidiendo que se dé agua a su cabeza y a sus ojos una fuente de lágrimas para llorar a los muertos de su pueblo, solicita también un lugar donde poder ejercitarse más libremente en obra tan santa, diciendo: "¿Quién me dará en la soledad un albergue de caminantes?", como si no le fuera posible vacar a este ejercicio en la ciudad, indicando de este modo cuánto impide la compañía el don de lágrimas. Asimismo, cuando dice: "Bueno es esperar en silencio la salvación de Dios", para lo cual ayuda mucho la soledad, añadiendo luego: "Bueno es para el hombre el haber llevado el yugo desde su mocedad", con lo cual nos da un motivo de gran consuelo, pues casi todos hemos abrazado este género de vida desde la juventud. Y dice también: "Se sentará solitario y callará, porque se elevará sobre sí mismo" ; significando casi todo lo mejor que hay en nuestro Instituto : quietud y soledad, silencio y deseo de los dones más elevados.

  Después da a conocer qué alumnos forma esta escuela, diciendo: "Dará su mejilla a quien lo hiriere y se saciará de oprobios". En lo primero brilla una paciencia suma, y en lo segundo una perfecta humildad.

  También Juan Bautista, el mayor de los nacidos de mujer según el panegírico del Salvador, puso en evidencia cuánta seguridad y utilidad aporta la soledad. El cual, no sintiéndose seguro ni por los oráculos divinos que habían predicho que, lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, habría de ser el precursor del Señor en el espíritu y la virtud de Elías, ni por las maravillas de su nacimiento, ni por la santidad de sus padres, huyendo de la compañía de los hombres como peligrosa, eligió los apartados desiertos como más seguros, ignorando cualesquiera peligros y la muerte, por tanto tiempo cuanto habitó solo en el desierto. Cuánta virtud adquirió allí y cuánto mérito, lo demostró el bautismo de Cristo y la muerte sufrida por defender la justicia. Se hizo tal en la soledad, que sólo él fue digno de bautizar a Cristo que todo lo purifica, y de afrontar la cárcel y la muerte en defensa de la verdad.

  El mismo Jesús, Dios y Señor, aunque su virtud no podía verse favorecida por el retiro ni impedida por el público, sin embargo, para instruirnos con su ejemplo, antes de comenzar su predicación y sus milagros quiso someterse a una especie de prueba de tentaciones y ayunos en la soledad. De él dice la Escritura que, dejando la compañía de sus discípulos, subía al monte a orar a solas. E inminente ya el tiempo de la Pasión, dejó a los Apóstoles para orar solitario, dándonos con esto el mejor ejemplo de cuánto aprovecha la soledad para la oración, cuando no quiere orar acompañado ni de sus mismos Apóstoles.

  Aquí no pasemos en silencio un misterio que merece toda nuestra atención : que el mismo Señor y Salvador del género humano se dignó mostrarnos por sí mismo el primer modelo vivo de nuestro Instituto, al permanecer así solitario en el desierto vacando a la oración y a los ejercicios de la vida interior, macerando su cuerpo con ayunos, vigilias y otros frutos de penitencia, venciendo las tentaciones y superando a nuestro adversario con armas espirituales.

  Ahora considerad vosotros mismos cuánto aprovecharon en su espíritu en la soledad los santos y venerables padres, Pablo, Antonio, Hilarión, Benito, y tantos otros innumerables, y comprobaréis que la suavidad de la salmodia, el amor por la lectura, el fervor de la oración, la profundidad de la meditación, la elevación de la contemplación y el bautismo de las lágrimas con nada se pueden favorecer tanto como con la soledad.

  Pero no os contentéis con los pocos ejemplos aquí citados en elogio de nuestro modo de vida, sino vosotros mismos id recogiendo otros muchos, tomados de vuestra experiencia cotidiana o de las páginas de la Sagrada Escritura».

Las puertas del silencio, de Dom Etienne Chenevière