Schola Veritatis
Veritas - Pax - Bonitas

La felicidad de la vida religiosa

Jean Baptiste Muard

Yo os diré una palabra de la felicidad que nosotros probamos desde el afortunado día de nuestra profesión. Es ahora que nosotros saboreamos toda la dulzura del yugo del Señor; es ahora que nosotros sentimos la verdad de estas palabras: que todo aquél que abandona todo por Dios recibe, desde aquí abajo, un céntuplo de paz y de felicidad, que no sabrían comprender aquellos que no lo han probado.

Oh! ¡Que bueno es donarse al Señor sin reserva! Sin duda la vida religiosa tiene sus pruebas y sus cruces, mas ellas son dulces en comparación con aquellas del mundo. Feliz entonces aquél a quien el Señor dona esta sublime vocación; más felices todavía aquellos que cumplen perfectamente sus obligaciones.

Oh felices, mil veces felices las personas que Dios llama al estado de la vida religiosa, y que responden con generosidad a esta gran gracia. Es necesario que ellas se esfuercen por elevarse a la perfección de esta bella vida, y aquello no es tan difícil como se piensa, pues no hay necesidad sino de descender, y descender lo más bajo que se pueda. Cuando se abraza esta vida, es el momento de humillarse, de hacerse pequeño, de anonadarse, de verse infinitamente por debajo de todas las personas con las cuales se vive, de verse bajo sus pies, como la basura de la casa.


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