Laus in Ecclesia, Manual de canto gregoriano.- Para hacer bien la melodía gregoriana, hay que preparar el alma; es ella la que debe vibrar en el canto; ella, ordenada, enderezada, serena, sin pasiones, maestra de sí misma; ella, inteligente, en posesión de la luz, recta de cara a Dios, sobreabundante de caridad… A un alma tal, prestadle una bella voz, artísticamente formada, pedidle que interprete las cantilenas sagradas, entonces tendréis lo bello acabado, tendréis la melodía que soñaba el genio de Platón, la melodía que inspira el gusto de la virtud, mejor todavía, tendréis el ideal de la oración cristiana tal como lo entendía san Dionisio, y una aplicación de la incomparable divisa benedictina: Mens nostra concórdet voci nostræ (Que nuestra alma concuerde con nuestra voz). +Leer más.
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo.- Idéntica era nuestra actividad y nuestra afición: aspirar a la virtud, vivir con la esperanza de las cosas futuras y tratar de comportarnos de tal manera que, aun antes de que llegase el momento de salir de esta vida, pudiese decirse que ya habíamos salido de ella. Con estos pensamientos dirigíamos nuestra vida y todas nuestras acciones, esforzándonos en seguir el camino de los mandamientos divinos y estimulándonos el uno al otro a la práctica de la virtud; y, si no pareciese una arrogancia el decirlo, diría que éramos el uno para el otro la norma y regla para discernir el bien del mal. +Leer más.
Dom Guéranger, L’Année liturgique, 1º de enero, fiesta de la Circuncisión del Señor.- No nos admiremos de que la Iglesia exalte con tanto entusiasmo a María y sus grandezas. Comprendamos por el contrario que todos los elogios que puede darle, todos los homenajes que puede ofrecerle en su culto, permanecen siempre muy por debajo de lo que es debido a la Madre del Dios encarnado. Nadie sobre la tierra llegará jamás a contar, ni siquiera a comprender todo lo que esta sublime prerrogativa encierra de gloria. En efecto, proviniendo la dignidad de María del hecho de ser Madre de un Dios, sería necesario, para dimensionarla con justicia, comprender previamente la misma Divinidad. Es a un Dios a quien María ha dado la naturaleza humana; es un Dios que Ella ha tenido por Hijo; es un Dios el que se ha gloriado de estarle sometido según la humanidad; el valor de una tan alta dignidad en una simple criatura no puede entonces ser estimada más que en proporción a nuestra comprensión de la soberana perfección del gran Dios que se digna constituirse bajo su dependencia. Anonadémonos delante de la majestad del Señor: humillémonos delante de la soberana dignidad de Aquella que Él se ha escogido por Madre. +Leer más.
José María Iraburu, sacerdote.- La liturgia de la Navidad… asombro y maravilla. La liturgia sagrada celebra, pues, estos días el más excelso de los misterios de Jesús: siendo Dios, se hizo hombre, sin dejar de ser Dios, para divinizarnos a los hombres. «Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros en su pobreza» (2Cor 8,9). +Leer más.
Padre Pedro Pablo de María Silva SV.- En nuestro mundo post-moderno actual, no resulta fácil celebrar la Navidad siempre que vayamos un poco más allá no solamente de la versión consumista de la misma, sino también de aquella que, aun en un contexto de fe, nos puede llevar como por inercia… a repetir lo que cada año celebramos. El estado actual del mundo, sobre todo del pensamiento, nos obliga a ir más allá, si no queremos caer en falsos optimismos o pesimismos, para mirar la realidad tal cual es. +Leer más.
Beato Columba Marmion, Jesucristo en sus misterios.- Pedimos, pues, la gracia de compartir aquella divinidad, a la que fue unida nuestra humanidad, en la cual se verifica una especie de comercio con el mismo Dios. El toma nuestra naturaleza humana al encarnarse, y en cambio nos comunica una participación de su naturaleza divina. +Leer más.
SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6, sobre la Natividad, 2-3.- ¿Qué cosa mejor podríamos encontrar entre los dones divinos, para honrar la fiesta de hoy, que aquella paz que anunciaron los ángeles en el nacimiento del Señor? En efecto, esta paz es la que engendra hijos de Dios, la que alimenta el amor, la que es madre de la unidad. Ella es descanso para los santos y tabernáculo donde moran los invitados al reino eterno. El fruto propio de esta paz es que se unan a Dios aquellos que el Señor ha segregado del mundo. +Leer más.
SAN BERNARDO, Sermón I de Epifanía, 1-2.- Ahora, por tanto, nuestra paz no es prometida, sino enviada; no es diferida, sino concedida; no es profetizada, sino realizada: el Padre ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame el precio de nuestro rescate que contiene; un saco que, si bien es pequeño, está ya totalmente lleno. En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. +Leer más.
Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q.28, art.1.- Es absolutamente necesario confesar que la madre de Cristo concibió de modo virginal. Lo contrario es la herejía de los Ebionitas y de Cerinto, quienes tienen a Cristo por un puro hombre, y piensan que nació de la unión de ambos sexos. +Leer más.
Dom Paul Delatte, comentario a los Evangelios.- Toda la historia providencial está ordenada a la realeza de Dios. La meta de las cosas es el reino de Dios, tal como existirá en la eternidad. +Leer más.
Garrogou Lagrande, La 3 edades de la vida interior.- Por inspiración de las tres virtudes teologales, se ejercitan plenamente las tres virtudes religiosas. Se establece entre ellas el más estrecho vínculo, en tal forma que, la esperanza de la eterna felicidad es como el alma de la santa pobreza, que renuncia a los bienes de la tierra a cambio de los de la eternidad; la caridad es el alma de la castidad religiosa que renuncia a los amores de aquí abajo por otro más excelso; la fe es el alma de la obediencia, que se somete a órdenes superiores como si le fueran reveladas por el mismo Dios. Por este camino la vida religiosa conduce, como por la mano a la contemplación y a la más íntima unión con el Señor. +Leer más.
Santo Tomás de Aquino, III, q.1.- Es conveniente para todo ser aquello que le compete según su naturaleza; como es conveniente para el hombre razonar, puesto que eso le compete al ser racional por naturaleza. Pero la naturaleza de Dios es la bondad, según dice Dionisio en el c.l De Div. Nom. Luego todo cuanto pertenece a la razón de bien, conviene a Dios. A la naturaleza del bien pertenece comunicarse a los demás, según escribe Dionisio en el c.4 De Div. Nom. Por consiguiente pertenece a la naturaleza del bien sumo comunicarse a la criatura de modo superlativo. Lo cual se realiza en sumo grado cuando Dios une a sí la naturaleza creada de tal manera que se constituye una sola persona de tres seres: el Verbo, el alma y la carne, como dice Agustín en el libro XIII De Trin.. De donde resulta evidente la conveniencia de que Dios se encarnase. +Leer más.
Schola Veritatis.- Primer misterio: El decreto eterno de la Encarnación del Verbo Segundo misterio: La Anunciación. Tercer misterio: La unión hipostática. Cuarto misterio: El santo embarazo de María Quinto misterio: El viaje de José y María a Belén +Leer más.
San Efrén el Sirio, la anunciación de la Virgen.- Volved la mirada a María. Cuando Gabriel entró en su aposento y comenzó a hablarle, Ella preguntó: ¿cómo se hará esto? (Lc 1, 34). El siervo del Espíritu Santo le respondió diciendo: para Dios nada es imposible (Lc 1, 37). Y Ella, creyendo firmemente en aquello que había oído, dijo: he aquí la esclava del Señor (Lc 1, 38). Y al instante descendió el Verbo sobre Ella, entró en Ella y en Ella hizo morada, sin que nada advirtiese. Lo concibió sin detrimento de su virginidad, y en su seno se hizo niño, mientras el mundo entero estaba lleno de Él(…). Cuando oigas hablar del nacimiento de Dios, guarda silencio: que el anuncio de Gabriel quede impreso en tu espíritu. Nada es difícil para esa excelsa Majestad que, por nosotros, se ha abajado a nacer entre nosotros y de nosotros. +Leer más.
Padre Pedro Pablo de María Silva SV.- Y cuando nadie lo pensaba, en el silencio profundo de la noche, de una noche más, y sin embargo, la noche escogida, la noche bendita por excelencia, Dios, que no vive inmerso en el tiempo nuestro, sin que sepamos por qué, dice: Fiat, y envía al Ángel. +Leer más.